El continente americano fue “descubierto” al
Viejo Mundo por Cristóbal Colón en el
siglo XV mientras trataba de conseguir una ruta más corta para llegar a la India , tierra de las
especias. Esa equivocación histórica cambió para siempre tanto a la región
recién hallada como al resto del mundo.
Al lado americano llegaron enfermedades,
esclavitud, mestizaje, nueva religión y dominación entre otras cosas de la
llamada civilización. Al lado europeo le llegó una inmensa cantidad de riqueza
en forma de metales preciosos, perlas, esmeraldas, tierras para explorar y
explotar.
No cabe duda que el intercambio más importante
que sucedió fue el intercambio gastronómico.
Me imagino el terror de un español o portugués
cuando le convidaron a comerse una guanábana, un tamarindo, o un aguacate por
mencionar tan solo tres frutas exóticas o la sorpresa al chupar caña de azúcar
o comerse un monstruo de río con bigotes y rayas llamado bagre. De igual manera
se sentirían los aborígenes al ver como la remolacha sangraba cuando la
cortaban.
Pero ¿cómo habrá sido la primera experiencia
con el cacao?
Por la amabilidad natural de los pueblos
indígenas podemos inferir que solícitamente ofrecieron una tapara de bebida de
cacao que tal vez estaba aderezada con
jugo de caña dulce.
Por favor cierren los ojos e imagínense como
conquistadores llegando a éstas tierras desconocidas, exuberantes en
vegetación, con gente semidesnuda y de contextura fuerte, ataviada con sus
plumas de gala y sus rostros pintados, ofreciendo unas jícaras de un bebedizo
de apariencia terrosa.
Aquellos que se atrevieron a probarlo sintieron
ese sabor astringente, pero que de inmediato lograba cambiar el estado de animo
de la persona, elevaba el estado de alegría y alerta que necesitaban…tenían que
saber que era y como se preparaba.
Algo así ha debido suceder pues lo que sí está
bien documentado es que los españoles llevaron a España el cacao como uno de los rubros
más importantes.
Trasladémonos ahora en este viaje imaginario a
las cortes españolas donde los Reyes Católicos y su séquito esperaban ansiosos
la llegada de los bienes traídos de las nuevas colonias. Supongamos, pues no
estoy seguro, que la llegada de estos bienes ocurrió en la mitad del invierno, y que en aquella época ha debido ser terrible
el frío. Imaginen a las cortesanas jugando con la rugosidad de las maracas de
cacao, probando el poco mucílago que le quedaría a esas mazorcas luego de un
viaje de 60 a
80 días y deleitándose con esa dulzura indescriptible e incomparable en Europa
para esa época, pues tampoco conocían el mamón que es el sabor al cual mas se
parece.
Y luego, ¡el shock sensorial! Imaginen cuando
la indígena que se llevaron para Europa
preparó el bebedizo de cacao tibio, humeante, aromático, a eso de las cinco de
la tarde en medio de la niebla invernal.
En ese instante, al primer sorbo, los rostros
lánguidos y ojerosos de los miembros de la corte, destellaron irradiando
felicidad, con sus mejillas ruborizadas por las endorfinas activadas y los polifenoles
rebotando y avivando los colores de las paredes y los cortinajes opacos… a
partir de ese momento, sus vidas no tendrían sentido sin el cacao y sus
derivados.
Así debe haber sido el cuento, el resto es la
historia.
Un chocolate al día mantiene el cuerpo con alegría!!
Un chocolate al día mantiene el cuerpo con alegría!!
