miércoles, 20 de abril de 2016

Y así el cacao conquistó Europa

El continente americano fue “descubierto” al Viejo Mundo por Cristóbal Colón  en el siglo XV mientras trataba de conseguir una ruta más corta para llegar a la India, tierra de las especias. Esa equivocación histórica cambió para siempre tanto a la región recién hallada como al resto del mundo.

Al lado americano llegaron enfermedades, esclavitud, mestizaje, nueva religión y dominación entre otras cosas de la llamada civilización. Al lado europeo le llegó una inmensa cantidad de riqueza en forma de metales preciosos, perlas, esmeraldas, tierras para explorar y explotar.

No cabe duda que el intercambio más importante que sucedió fue el intercambio gastronómico.

Me imagino el terror de un español o portugués cuando le convidaron a comerse una guanábana, un tamarindo, o un aguacate por mencionar tan solo tres frutas exóticas o la sorpresa al chupar caña de azúcar o comerse un monstruo de río con bigotes y rayas llamado bagre. De igual manera se sentirían los aborígenes al ver como la remolacha sangraba cuando la cortaban.

Pero ¿cómo habrá sido la primera experiencia con el cacao?

Por la amabilidad natural de los pueblos indígenas podemos inferir que solícitamente ofrecieron una tapara de bebida de cacao que tal vez estaba aderezada con  jugo de caña dulce.

Por favor cierren los ojos e imagínense como conquistadores llegando a éstas tierras desconocidas, exuberantes en vegetación, con gente semidesnuda y de contextura fuerte, ataviada con sus plumas de gala y sus rostros pintados, ofreciendo unas jícaras de un bebedizo de apariencia terrosa.

Aquellos que se atrevieron a probarlo sintieron ese sabor astringente, pero que de inmediato lograba cambiar el estado de animo de la persona, elevaba el estado de alegría y alerta que necesitaban…tenían que saber que era y como se preparaba.

Algo así ha debido suceder pues lo que sí está bien documentado es que los españoles llevaron a España el cacao como uno de los rubros más importantes.

Trasladémonos ahora en este viaje imaginario a las cortes españolas donde los Reyes Católicos y su séquito esperaban ansiosos la llegada de los bienes traídos de las nuevas colonias. Supongamos, pues no estoy seguro, que la llegada de estos bienes ocurrió en la mitad del invierno,  y que en aquella época ha debido ser terrible el frío. Imaginen a las cortesanas jugando con la rugosidad de las maracas de cacao, probando el poco mucílago que le quedaría a esas mazorcas luego de un viaje de 60 a 80 días y deleitándose con esa dulzura indescriptible e incomparable en Europa para esa época, pues tampoco conocían el mamón que es el sabor al cual mas se parece.

Y luego, ¡el shock sensorial! Imaginen cuando la  indígena que se llevaron para Europa preparó el bebedizo de cacao tibio, humeante, aromático, a eso de las cinco de la tarde en medio de la niebla invernal.

En ese instante, al primer sorbo, los rostros lánguidos y ojerosos de los miembros de la corte, destellaron irradiando felicidad, con sus mejillas ruborizadas por las endorfinas activadas y los polifenoles rebotando y avivando los colores de las paredes y los cortinajes opacos… a partir de ese momento, sus vidas no tendrían sentido sin el cacao y sus derivados.


Así debe haber sido el cuento, el resto es la historia.


Un chocolate al día mantiene el cuerpo con alegría!!

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