Venezuela se ha caracterizado por ser un país
petrolero, fundador de la OPEP
y uno de los principales exportadores de petróleo y sus derivados.
Adicionalmente, hemos sido grandes productores
de jugadores de béisbol desde los logros de Carrasquelito hasta los de los
jóvenes que cada día son llamados a las Grandes Ligas. Crecí admirando las hazañas de Luis Aparicio
en el campo corto, y su comportamiento fuera del diamante, luego las
maravillosas manos de Vizquel y el poderío de Miguel Cabrera.
Así como la pelota es redonda y gira, la vida
también lo hace y hoy Venezuela está pasando por una crisis político-económica que
está obligando a los jóvenes a buscar nuevos horizontes para tratar de
garantizar su sustento.
He visto compatriotas que emigran sin un plan
definido lo cual los lleva a terminar
ejecutando tareas muy por debajo a sus calificaciones.
¿Cuantos no hemos escuchado o conocemos casos
de profesionales universitarios de cualquier área que terminan como cajeros de
un automercado, repartidores de pizza o estacionando vehículos en un
restaurante? Estas tareas son dignas como todo trabajo que genere un ingreso
honesto, pero no es para eso que el país los ha formado.
Afortunadamente, esta tierra de gracia está llena de riquezas naturales que deben ser aprovechadas racionalmente.
Y aquí me voy al cacao.
Es harto conocido que el cacao de Venezuela es
el mejor del mundo. Eso ha llevado a producir los mejores chocolates del mundo.
Es momento de comenzar a creer en nuestras
habilidades y potencialidades.
¿Porque el Gobierno (este y los anteriores) ha
permitido la exportación indiscriminada de la almendra de nuestro cacao?
¿Porque no se incentiva la producción de chocolates artesanales e industriales
para la exportación? Es triste ver como los chocolates que ganan los premios
internacionales son elaborados con cacao venezolano…¡pero hechos por manos
extranjeras!
Afortunadamente, se ha hecho tendencia, como
dicen ahora, “estudiar para Chef”, aclarando que el titulo de Chef no es
académico, es jerárquico dentro del mundo de las hornillas y fogones. Es
verdaderamente ganado con sangre, sudor y lágrimas, pero suena más glamoroso
que decir estar estudiando para cocinero.
Volviendo al tema, esta tendencia,
afortunadamente, también se está extendiendo al estudio de la chocolatería.
Este arte centenario que antes era solo para
algunos iniciados, ahora se está haciendo de fácil acceso a la población a
través de muchas escuelas de gastronomía y fundaciones del país.
En muy poco tiempo, el estudiante aprende los
rudimentos básicos del oficio. Queda de su parte practicar para mejorar su
destreza, pero es una buena idea para los que tienen pensado emigrar, llevar un
oficio en el bolsillo, oficio que por demás es lucrativo si se maneja con la
responsabilidad que todo emprendimiento requiere.
Un chocolatero promedio puede elaborar y vender
cientos de bombones en un día mientras que a veces es muy difícil vender un
proyecto para un ingeniero o licenciado.
No estoy diciendo que no sean necesarios lo
profesionales universitarios (de hecho soy uno), pero no quiero seguir viendo
jóvenes compatriotas que se marchan llenos de sueños pero regresan derrotados
por una mala estrategia de emigración.
Hagamos de Venezuela una potencia en la formación de chocolateros y la exportación de chocolates. Si empezamos ahora, en unos cinco o
diez años, el Hall de la Fama
del Chocolate estará lleno de nombres venezolanos.
Mientras tanto, comamos chocolate, que produce
la sensación mas parecida al amor.
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